jueves, 10 de diciembre de 2015

(Ficción de aficionados)

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Estábamos en tu habitación, en tu cama. Mi brazo por debajo de tu nuca y mi mano apoyada en tu pecho desnudo. Mi mirada hacia el techo, volaba a veces a la postal de Barcelona de noche y a tu dibujo de un vestido rojo.

Nuestras piernas estaban entrelazadas. A ratos nuestros pies se frotaban porque yo los frotaba. No me acordaba de que no me querías y era del todo intencionado.

Hablábamos de nuestras vidas y de mil otras que quizás no vivamos nunca. Cuando te sacaba una carcajada te miraba a los ojos como quien recoge un premio. Mi boca, por lo demás, a la altura de tu frente, te besaba a escondidas.

Te abarqué con el brazo con el que hasta ahora gesticulaba y durante un rato nos quedamos en silencio. Fue entonces cuando tú, entre mis brazos, sin darte cuenta, en un gesto que yo interpreté de amor, te quedaste dormida.


Al despertar, como si sospechases algo, me confirmaste que no me querías. 
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