domingo, 30 de enero de 2011

(Ficción de aficionados)

.

Tengo una cajita donde he puesto todo lo que me diste. Las noches, los amaneceres. Los besos, las miradas, las escapadas a escondidas. La atención, el cariño... todos y cada uno de los masajes. Todas las veces que me diste las gracias las tengo guardadas. Las veces que te dije "por favor" y tu dijiste "si". Las veces que me dejaste ayudarte con tus cosas. Han cabido todas las borracheras, el humo de los cigarros, de los porros y de las tazas de café. He guardado también un foto de tu sonrisa, otra de ti riendote a carcajadas por algo que yo había dicho y una de tu mirada diciendo "te quiero" que siempre que miro contesto de la misma forma. Lo tengo todo guardado para que no se pervierta. Y sobretodo porque algún día me gustaría devolvertelo. Pero he cerrado ya la caja y he tirado la llave al mar, para que se la coma un pez, que si un día unas redes se lo llevan, sé que no acabará en mi nevera.

Ha quedado mucho espacio en la cajita, una inmensidad de espacio vacío que ya no se llenará nunca. No he dejado entrar la amargura, ni tampoco los recuerdos edulcorados. No los quiero porque también lo malo fue especial porque fue contigo.

Sería precioso volver a abrir la caja algún día. Habría que llamar a un cerrajero o romperla, no sé. Así podría devolverte todas esas cosas y multiplicadas y hacerte darte cuenta de que de otra forma te habrías arrepentido. Porque no te imaginas como pesa la cajita.

También he tirado al mar otra cajita en la que he puesto todas las promesas que pensaba hacerte. Todavía estaría dispuesto a hacerlas, pero ¿de qué serviría?. Mi palabra está devaluada y además me alegro de que así sea. Y es que las cajitas son para guardar cosas, y solo se guardan las cosas que ya no se piensa usar más.

.

No hay comentarios: